Posteado por: sinnadaquedecir | Julio 10, 2008

Galanes Pacharacos

Cuando me pongo a pensaren galanes pacharacos, lo primero que se me viene a la mente es la historia de mi amiga Analí. Ella me contó que cuando terminó su relación con el chico del que había estado enamorada desde que era niñita, se le acercó un galán que tenía las cualidades exactamente contrarias a las de su novio anterior.

Lejos de pensar que a una chica se le puede conquistar con flores, chocolates, o un regalo bonito, el nuevo galán pretendió conquistar a Analí cantando a voz en cuello las canciones durante la misa. No sólo las cantaba con fe y fervor admirables, sino que además le agregaba- o al menos intenaba- algunos arreglos, que consistían en alargar la duración de las notas entonando la última palabra de la estrofa por unos cuantos segundos más. Lógicamente, la gente se burlaba sin disimulo, y Analí se avergonzaba terriblemente puesto que el cantante improvisado estaba sentado- generalmente- a su lado y la miraba fijamente con cara de embobado.

Cada que nos contaba de su nuevo admirador nos burlábamos. Ella, en cambio, estaba harta de susodicho. Le molestaba que la vaya a buscar a su casa y le recite versos de amor bajados de internet. No toleraba que le cante ( en realidad lo hacia muy feo). Pero a la vez le daba mucha pena botarlo y decirle el simple y sencillo “lárgate de mi casa y no vuelvas”.

Quien lea este post podrá pensar que soy partidaria de eliminar a los pretendientes cruelmente. No podría equivocarse más. No creo qe uno deba tratar mal a las personas, en especial a las personas que se sienten atraídos por uno. Sin embargo, cuando estos llegan al colmo de la guachafería o son simplemente molestos, y ya se les ha explicado de manera educada que no se tiene el más mínimo interés de entablar cualquier tipo de vínculo, no hay otra opción. El “lárgate de una buena vez” es necesario. Analí no lo hizo… hasta después.

Una tarde en la que salió de la academia, el galanazo la sorprendió en la puerta y se ofreció a acompañarla a su casa. A ella no le quedó otra que aceptar. Era un poco tarde, no tenía con quién regresarse y tampoco quería caminar. Pensó que el aspirante a su corazón se preocuparía por no hacerla caminar y tomaría un taxi, o al mejos le pagaría el pasaje en micro. Se equivocó con roche. Él le dijo que era una tarde linda caminar. Ella casi muere, pero por educación no dijo nada.

El colmo de la pacharacada se vislumbraba al acercase a una carretilla de sandías. Analí pensó que su acompañante se acercaba a preguntar la hora, o tal véz a curiosear, o quien sabe qué. Pero no. Se acercó a comprar dos rodajitas de sandía envueltas en bolsitas medio fucsia.

- Te compré esto

- No gracias, no me gusta la sandía.

A ella le encanta la sandía, pero no comerla mientras camina por una avenida bastante transitada, y menos en una bolsita fucsia.

- Ay! pero está bien rica, pruébala y vas a ver

- Está bien- se resignó

Pocas imágenes mentales me resultan tan graciosas y burlonezcas como el ver a Analí camiando por la Av. Larco (Trujillo), comiendo su rodaja de sandía en su bolsita rosada, caminando al lado de un chico de pantalón de tela plomo y camisa blanca que bota las pepitas en la calle.

 

 ¡Eso no es fashion!


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías