Este fin de semana se titularon 2 de mis cañones, y como era de esperarse, el reencuentro fue espectacular. Con nuevos looks, unos kilos más y otros menos, fuimos a la fiesta 2night que prometió ser mucho de lo que no fue. En fin, no importaba, lo único que pensábamos era en lo demasiado chevere que era estar juntas después de casi un año.
En la fiesta me encontré con gente que no veía hace mucho tiempo- demás está decir que he estado algo encerrada estos últimos meses, y a diferencia de las hipótesis de algunos de mis amigos, es porque he estado en mil cosas y no por “pisada” jaja- y no pude evitar el sentirme algo perdida, sobretodo respecto a alguien en particular. Él y yo solíamos pasar mucho tiempo juntos, y cada que alguno tenía un problema recurríamos al otro para desahogar lo que nos había pasado, sólo éramos los dos. En cambio, en la fiesta, lo sentí como un completo extraño, claro que hubo el abrazón de osos al vernos, y la sonrisa de oreja a oreja brotó con espectacular naturalidad. Sentí que el cariño entre nosotros estaba intacto, pero nosotros ya no éramos los mismos.
Él se acercó a mi grupo y después de saludarme con la efusividad que le caracteriza, preguntarme que era de mi vida y decirme que me extrañaba, nos miramos… era esa mirada… la mirada de ver a tu pata después de mucho, sentir las enormes ganas de recordar estupideces, reirse juntos y volver a tener la fluida conversación con quien alguna vez fue tu confidente, pero algo te reprime y no te deja soltar a la chiquilla que fuiste cuando tenías 13. Me di cuenta que a él le pasaba lo mismo y ninguno hizo nada…había mucha gente, además yo estaba con mi novio y el recordar era adueñarnos de la conversación sin que él pudiera hacer otra cosa mas que sonreir al escuchar las anecdotas de los 13 o 14 años de dos “amigos”. Lo dejé ir.
Después de bailar un considerable número de canciones, con dolor de pies y con dos sanguches de chicharrón encima, volví a cruzarme con mi amigo de infancia… quedé estúpida. Ya no era mi amigo, era un borracho buscapleitos que le gustaba mirar descaradamente el trasero de cuanto cuerpo con curvas pasaba por su lado. No sólo miraba, sino que además ¡intentaba rozar!
Dije ¡qué demonios pasó contigo!, si es que en algún momento se había cruzado por mi cabeza, la idea de invitarlo a mi casa a conversar y bacilarnos como antes había sido exterminada. Obvio que todos cambiamos, pero pero en este caso era usurpación de cuerpo. Ya no era mi “broder”, era un especímen totalmente distinto, algo pervertido y bastante arrogante con ciertas personas.
El reencuentro con mi amigo desconocido me llevó a pensar en las promesas que uno acostumbra a hacer en el cole, las que iniciaron en los SLAMS y las que sobrevivieron hasta el último salud de la fiesta de promo: Siempre voy a estar para ti. Somos amigos. Cuenta conmigo para lo que quieras. Eres mi broder para siempre. ¿ Cuántas de esas promesas se cumplen? Ojo, no quiero decir que no se sientan en ese momento, sino que la mayoría de esas promesas sepierden conforme van pasando los años. La poca frecuencia y el conocer a otras personas hacen que quien fue tu broder, deje de serlo. Toman rumbos distintos y llegan a un punto en el que no tiene tema de converrsación que no sea el pasado, y demás está decir qu el presente es más importante y relevante que cualquier pasado perfecto.
Yo sólo espero que la amistad que tengo con quienes saben - ellos ya lo saben- que son muy importantes para mí, se quede tal y cómo está. Tengo miedo de encontrarme con otro amigo desconocido y tener que sonreir para después quedarme sonriendo por otro rato, hasta que uno de los dos se excuse diciendo que tiene que ir al baño o que va a comprar chela.
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