Hubo una época en que quise ser un chico malo. Estaba en la secundaria y quería agarrarme a una y otra, mentirles groseramente e irme a beber con mis amigos para contarles absolutamente todo. Como lo evidencia el post anterior, fracasé.
Nunca pude ser como los populares del cole que la hacían con roche y llegué a la conclusión de que es necesario ser un auténtico hijo de puta para convertirse en lo que llaman un “pendejo”. Yo, varios años más tarde me di cuenta, era demasiado buenito para eso.
Me alcanzó con tener enamoramientos bien intensos en la secundaria y uno que otro agarre por ahí. Pero jamás llegué a ser un winner de aquellos.
Con el correr de la adolescencia conocí el otro lado del asunto. Vi llorar amigas que habían dejado enamorados de toda la vida por pastrulazos que las trataban como un trapo. Y en cada lágrima parecían querer cada vez más a los malogrados.
También sufrieron en mi hombro amigos cuyas enamoradas los abandonaron por chicos malos y en fin… la historia de siempre. Como dijo Sinnadaquedecir: ellas los preferían malos.
He escrito de todo esto por este post que encontré en uno de los metablogs de El Comercio: típica negación de mujer dolida. Dicen los más viejos del bar que no hay nada peor que una chica despechada. Aquel post, lo demuestra.






esta chevere eeee
Por: juanjo el enero 9, 2009
a las 5:46 pm