Las relaciones amorosas tienen distintos inicios. La mayoría de mis amigos emparejados se han conocido mucho antes de pensar en la idea de ser enamorados. Usualmente han sido amigos desde antes, amigos que se trataron más y se dieron cuenta que se habían enamorado. Una vez me dijeron que la mejor manera de empezar una relación, y de hecho tenerla, es con un amigo, ya que con él tienes confianza, lo conoces y sabes que esperar. No puedo negar que en este pensamiento hay una lógica increíble, mas yo creo que en cuestiones de amor no existe la lógica.
Otras personas, a decir verdad muy pocas, me han dicho que la mejor manera de conocer a una persona es estando con ella (como enamorados). Llegas a conocer a la persona en todo su esplendor, cosas que no conoces en el plano de la amistad. Creo que esto también es cierto puesto que pasan muchas horas juntos y viven experiencias más íntimas. Siendo enamorados conoces lo más feo de la persona en cuestión, siendo enamorados destapas tu intimidad, eres capaz de meterte el dedo a la nariz y sacar moquito, eres capaz de decir “amor tengo el estómago flojo”, puedes comer una butifarra con harta cebolla y perseguirlo para darle un beso tipo francés, preguntarle “¿se me sale muc
ho el rollo?”, “sorry me tiré un pedo”, “acompáñame a vomitar, ¿ya?”, y frases que no podrías decirle a tus amigos, salvo que sean tus mejores amigos y difícilmente llegas a tener una relación con ellos por miedo a fregar al amistad, o simplemente no lo ves como especímen en potencia de ser tu próxima pareja.
Me encuentro en una relación que és fruto de un encuentro casual. Conocí a mi novio en una fiesta a la que no pensaba asistir-practicamente fui arrastrada al lugar-;en un momento en que todo tipo de flirteo, posibilidad de coqueteo o presencia de testosterona había sido anulada. Sin embargo y de la nada me encontré conversando con él en una mesa lejos de todas mis amigas. A las seis de la mañana mi “ya no tan extraño” me llevó a mi casa, no sin antes pedirme mi celu y prometerme una próxima cita. Me despedí con un beso en la mejilla y bajé del taxi en zig zag, enormemente feliz.
Después vinieron los mensajes al cel, las llamadas en la nochecita y las demás saliditas. Once días después, periodo que resulta extremadamente corto para mí, acepté ser su enamorada. Mandando al diablo todo pensamiento de “es muy rápido Diana”, me dispuse a vivir al máximo mi relación… Me arriesgué y no me equivoqué.
Estoy con una persona que me hace reir con comentarios estúpidos, me emociona con sus detalles, me trata como una reina- aunque yo sea una gruñona y una loca de porquería. Alguien a quien tengo tanta confianza, que no temo decir ninguna de las terribles frases que escribí en el segundo párrafo de este post, alguien con quien puedo ser yo misma sin temer lo que pueda decir o pensar… 
¡My god, de pronto he caido en cuenta que sueno como los Ositos Cariñositos!…yaps…y que chu!!!
Y como ya empecé… mi siguiente post será algo que escribí para ti…




