Posteado por: Enzo Yapure | Septiembre 6, 2007

To be or not to be?

No hay otro ámbito de la vida en que la realidad se parezca tanto al cine como las relaciones amorosas. Nadie puede negar que, como sucede en las películas, siempre va a ser más emocionante dejar una pareja de varios años por alguien que esporádicamente te llamó la atención. Ese riesgo de dejarlo todo por una locura, justificada o no, provee a la aventura algo que la relación duradera, formal y estable nunca tendrá: el riesgo, el miedo, la deliciosa adrenalina. Todo en ella es misterioso, desde el hacerlo a escondidas hasta simular delante del mundo que nada pasa entre los subterráneos amantes.

Sin embargo, a veces un poco de evidencia no cae nada mal. Se me viene ahora a la cabeza una canción del genial Gustavo Cerati: “el descaro, baby, es parte de la diversión”. Pero ¿hasta dónde puede llegar ese descaro? ¿Qué sucede cuando una de las dos partes intanta “formalizar” la situación? Puede que la diversión sólo sea tal en lo subrepticio, en lo oculto, en las sombras de otras relaciones formales paralelas. Quién sabe si, una vez estable, el encendedor de la pasión ya no funcione.

O quizás, entonces sí, entre a tallar el afamado y todopoderoso amor. Yo creo que la respuesta la pueden encontrar en la película que a ustedes más les guste. Harán lo que vean en ella. Ojalá les guste Casablanca, pero sin la escena del avión. ¿Siempre nos quedará Paris?

Casablanca

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