Posteado por: Enzo Yapure | Agosto 24, 2007

El amor en los tiempos de Bryce (II)

bryce

¿Es verdad que robó su primer libro? 

Sí, me lo robé. Y me pescaron, además. Me había tirado siete ejemplares. Luego me los regalaron, claro. Es que Huerto Cerrado no lo había visto nunca, no me había llegado de la editorial. Hasta que un día lo vi, en una librería española de París llamada El goce de leer. Me lo saqué, pues, me lo metí por los bolsillos del saco, del abrigo. No lo había visto impreso todavía y ya llevaba como un año de publicado. 

¿Cuál es el libro que más le gusta? O mejor aún, ¿cuál es el libro que más quiere? 

El libro que más me gusta es Tantas veces Pedro. Es al que más cariño le tengo.  

Usted también es abogado… 

Soy abogado y nunca he litigado, pero sí ejercí porque practiqué, era obligatorio practicar. Una vez tuve que embargar una tienda, y resultó que era del papá de una amiga mía y salí disparado.

 ¿Cree que hubiera sido buen abogado? 

No, hubiera sido el peor.

¿Y por qué no estudió solo literatura?*

Por mi viejo, quien detestaba todo lo que fuera libros. Era un hombre práctico, que quería que me ganara la vida. Yo entendía su actitud, me deseaba el bien a su manera y, la verdad, no era difícil hacer Derecho y Literatura al mismo tiempo. Todo estaba concentrado en el Parque Universitario, todo lo hacíamos ahí mismo en La Casona, y a mí me gustaba mucho estar ahí, conocer gente de todos lados, hacer amistades nuevas. Entonces yo quería ganarme la autorización, sin llegar a un enfrentamiento y darle disgustos a un hombre que no había sido muy feliz en la vida. Le di gusto en ser abogado y él me dijo que me fuera (a Francia) pensando que iba a volver al año siguiente, y nunca más volví. Para él, porque falleció.

Pero sí me envió una carta muy bonita a París. Para mí la más grande pena es que él nunca leyó un libro mío. Murió antes de que saliera mi primer libro. Ya le había impresionado que yo le mandara mis notas de La Sorbona, y decía bueno… La Sorbona y le sonaba. Y por ahí un día me escribió una carta cuando ya estaba delicado, con caligrafía muy tembleque, que decía: “he entendido que tengo un hijo distinto a mí, y que respeto. Sigue tu camino con decencia”. Se despidió de mí porque a los pocos meses murió.

 ¿No le dio por volver debido a la enfermedad de su padre? 

No me dejó mi madre, porque no hacía mucho que me había ido a Europa. Cuando yo me fui él ya estaba mal, seguía trabajando pero ya estaba mal, entonces yo decidí darle gusto, hacerlo feliz porque se lo merecía, y me escribió esas líneas tan cariñosas.

¿Por qué no vine? Primero porque mi madre dijo: si este vuelve, con lo que le ha costado irse, muere su padre, se va a sentir culpable y va a tener que cargar con todo porque uno de mis hermanos era enfermo y el otro un vago del diablo, y yo era el heredero y se le arruinó la vida al pobre Alfredo, porque iba a ser el abogado más malo e infeliz de la tierra. Y tendrá que cargar con ese banco que a los pocos meses se cargó Velasco. Fue el primero y el último que Velasco se cargó, el Internacional.

Esa fue toda la valentía de mi madre, ocultarme todo eso. Fueron mis hermanos, al final, quienes presionaron por cariño a mi madre y me avisaron: papá está agonizando. Corrí a llamar por teléfono y casi lo mato. Parece que él tampoco quería que yo asistiera. Él muere el 67, yo me acababa de ir a fines del 64. Ahí mi madre fue la heroína.

Hablé con un amigo, Paco, y me dijo no, no vale la pena. Ya me quedé, y cuando vine el 72 no quedaba nada de mi familia. La hacienda se la había llevado la Reforma Agraria, el banco nacionalizado… ya nada. ¡Y fue el único! El siguiente fue el Continental que Velasco lo pagó por debajo de la mesa. Bueno, el Popular de Prado, pero ese fue casi un símbolo, que además lo salvó porque estaba en quiebra. Pero tuvo preso al viejo, y hubo un desenlace muy trágico. Quizá a mi padre le hubiera pasado lo mismo. Mira qué ironía: se evitaron cosas muy duras.

 Un mundo para Julius, la película 

¿Cómo después de tanto tiempo, ha aceptado que lleven Un Mundo para Julius al cine? 

Porque hay un proyecto interesante y creo que puede salir medianamente bien.

 ¿Será en inglés o en español? 

Bilingüe, habrá copias distintas.

               

¿Y va a ser Tarantino el director? 

 

No, esas son voladas de la prensa. Lo que pasa es que hay un actor, no sé cuál de Pulp Fiction, que va a estar en el elenco de actores. El director es un señor Bill Bracktor, que es un colombiano, a pesar de su apellido alemán, que lleva ya como treinta años en Hollywood. Según la productora se empezaría a filmar antes de fin de año. Todo lo que es interiores en Lima, el resto en estudios.

 Anecdotario 

Dice la leyenda que durante todo su doctorado usó un mismo terno. ¿Lo conserva aún? 

No, ese terno murió de la forma más trágica y estúpida, y era tan viejo y le había dado como a rata. Visitando la ciudad de Amsterdam por primera vez en mi vida, y la típica, nos fuimos al barrio elegantísimo de las prostitutas. Yo iba con las manos en los bolsillos mirando a las prostitutas en las ventanas como maniquíes, y pasó una motoneta que me jaló del brazo y se me abrió el pantalón al caer. Se me cayó el pantalón y quedé desnudo en calzoncillos, ahí delante de las prostitutas…

 Que lo llamaban ya… 

Más me llamaba la policía, qué papelón, qué horror. (Ríe). Tuve que irme tal cual a comprarme un pantalón porque no llevaba nada más.

¿Es amigo de Joaquín Sabina?*

Sí, muy amigo. Joaquín tiene una secretaria allá en Madrid que es sobrina mía. Él tiene una colonia de peruanas que recluta allá.

 Sabina le hizo una entrevista que leí en Etiqueta Negra 

Con Joaquín hemos hecho entrevistas, hemos cantado juntos. Cantábamos en teatro con mínimo mil personas de aforo. Ángel Gonzáles, el poeta, Joaquín y yo. Cantábamos locuras.

¿Podemos pedir otra copita más? Cantábamos boleros, valses, rancheras viejas, Sinatra, Agustín Lara. Ahora lo sigo haciendo pero sólo en la ducha. Recuerdo que a Ribeyro también le gustaba mucho cantar rancheras y valses. Yo he cantado hasta en restaurantes, había que recursearse en esa época.

 Colán ocupa un lugar emotivo en su libro No me esperen en abril ¿Qué recuerdos tiene de Colán? 

A Colán he vuelto hace dos años y está sobre construido, ya no es igual. En la época que yo vine había una reja de metal que impedía que se metiesen las rayas. Recuerdo que yo me estaba bañando en esta reja con una chica que nunca más vi, que se llamaba Norma Michael, y el gordito simpaticón de Silva Ruete pasa y le suelta una grosería. Llegó la ola y el gordo se tiró al agua. Pero como se había metido con mi chica de una manera tan grosera, yo tuve una reacción que en mi vida la volví a tener, ni en el cine, y le pesqué cien por ciento la ropa de baño. Lo dejé calato y nos las picamos con la chica. En la playa le pasé la voz a todo el mundo para que esperara que el gordo saliera sin ropa de baño. Uh!, me odia Silva Ruete, hasta hoy me odia.

 La fama 

¿Cómo hace para defenderse de la fama? Yo imagino que escritores como usted, o García Márquez, ya casi no deben tener vida privada. 

Ni creas, Gabo se defiende como puede. Él logra hacer lo que quiere cuando quiere. Lo único que ya no hace es ir a la presentación del libro de un amigo, porque dice que termina haciéndole un daño, pues más se acercan a entrevistarlo a él que al que publica el libro.

Pero nadie puede defenderte de la fama. Además, no puedes ser grosero con las personas. Recuerdo que en la Feria de Guadalajara era impresionante que todos los días salían noticias sobre Mario Vargas Llosa. Tan es así que cuando el hombre cruzaba el salón grande del hotel iba tenso. Pero él mismo lo ha buscado dando declaraciones sobre coyuntura. Una vez esta chica Itaxa Sánchez, la que hace con él “La verdad de las mentiras” y a quien conozco desde muy chica, vino a decirme “Mario te espera en tal sitio”. “Ya sé cuál es su habitación”, le respondí. “Es que él no duerme ahí, ahí creen que dúreme”, me dijo.

  

El empresario que acompaña al escritor le recuerda que tiene que descansar, que en la tarde le espera otra conferencia a auditorio lleno en la Universidad Nacional de Piura. Alfredo Bryce se levanta lentamente, seca su vaso de vodka con 7Up y se dispone a salir del club. Para ese momento ya Michelle y yo nos habíamos tomado fotos con él, además de pedirle que nos dedique No me esperen en abril y Un mundo para Julius. “Chau, cuídate hombre”, me dijo al final con una palmada en el hombro.  

* Intervenciones de Michelle León

Posted by Enzo Yapure

Respuestas

buu agan su obra un mundo para julius en capitulos kiero el resumene en capitulos

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