Hace pocos días hablé con mi ex de hace cuchicientos años y sencillamente no pude quitarme la sonrisa del rostro por lo menos en dos horas (y eso que sólo fue por msn).
¡Vamos! fue el niño que me hizo suspirar por tres largos años, aunque nuestra relación no duró ni la octava parte de eso. Sin él, el colegio no tenía razón de ser. El recreo resultaba aburrido, si es que no pasaba por mi lado y me decía “permiso”…..¿patético no?Noooooooooo. Prefiero llamarlo infatuación, en este caso una infatuación crónica.
Recuerdo que en ese tiempo tenía un diario….a decir verdad ese año llené tres diarios, todos tenían por portagonista al susodicho- para no complicarnos vamos a llamarlo Pepito. Pepito tenía el papel protagónico en las conversaciones con mi “confidente” de papel aromatizado. Pepito era la palabra más repetida, más subrayada y sobretodo más decorada (yo le dibujaba corazoncitos alrededor).
Todo lo que hacía era perfecto. Si Pepito se caía era el mejor ángulo en que alguien pudiera aterrizar en el pavimento. Si a Pepito le salía un grano en la punta de la nariz, era sencillamente la acumulación de grasa más perfecta que alguien había fabricado. La ropa de Pepito era la de mejor color y la de mejor calidad- luego averigüé que mi Pepito compraba algunas prendas de imitación en el mercado.
A pesar que ya han pasado cuchucientos años, debo admitir que Pepito aún me hace suspirar. No en la manera en que lo hacía antes, pero cada que escucho de él, me lo encuentro o lo veo, no puedo evitar sonreir y poner cara de babosa. Sólo espero que Pepito no se haya percatado de eso.
Sinnadaquedecir




