Después de tres años de conocernos, Ana María, Joanne, Javiera y yo decidimos tener una noche para nosotras. La idea salió justo después que Joanne dijera la frase que describiría nuestro día, o mejor dicho, nuestra noche: “Los enamorados quitan tiempo”
Acordamos ir al Queen´s el jueves, aprovechando que es Ladiés NIght y hay barra libre para las mujeres. Prometimos ser nosotras mismas, sin recatos, sin vergüenzas, sin prejuicios. Sólo cuatro amigas que salen a divertirse.
A las 10:30pm estábamos las cuatro mosqueteras paradas en la puerta de la discoteca, listas para disfrutar de una noche sin calzoncillos. Iniciamos la noche con una ronda de vodkas. Cabe señalar que en poco menos de cinco minutos, Joanne y yo ya nos íbamos por el segundo trago de la noche.
¿Qué riesgo podría haber? Estábamos las cuatro, nos cuidábamos entre nosotras, y por primera vez en mucho tiempo éramos las protagonistas de nuestra noche.
Una hora más tarde y con tres vasos m´s de vodka encima, Joanne y yo salimos en busca de cigarros. Al regresar, nuestras “parejas” nos habían cambiado por un brasilero y un limeño. No había forma de que Joanee y yo nos quedaramos echando raíces bajo la mesa. Nos paramos y nos fuimos a bailar al lado de Ana María y Javiera.
Pasadas unas cuantas canciones, nosotras nos encontrábamos bailando con dos sujetos totalmente desconocidos. Primera regla de la noche rota: “nadie baila con hombres, hoy somos sólo nosotras y nos embriagaremos hasta morir”.
*Joanne y yo habíamos hablado muchas veces de que nuestras relaciones no siempre tenían un final feliz. Las personas con las que habiamos salido no eran las indicadas, y al igual que el Titanic, lo que habíamos iniciado con mucha ilusión, se había hundido. Joanne había vivido una relación de dos años. Ella creyó estar realmente enamorada pero, de un momento a otro, de su píncipe “Charming” brotaron cuchucientasmil verrugas y acabó por transofrmarse en un sapo gordo. Con mucho esfuerzo y con ayuda de algunos chicos sustitutos, Joanne había decidido dejar al sapo en el estanque y vivir su soltería al máximo.
Habiéndo roto la primera regla de la noche, no nos costó romper las siguientes. De pronto, las cuatro mosqueteras estábamos aceptando trago de nuestras nuevas conquistas. Al fin y al cabo, sólo sería por una noche. Ninguna volvería a ver a los sujetos con los que estábamos bailando.
No recuerdo en qué momento mis tres amigas se dispersaron. Yo me quedé bailando con el extraño, y sin querer empecé a hablar y a divertirme con él. El extraño resultó ser un chico muy simpático, respetuoso y atento. Su comportamiento y su forma de tratarme hicieron que mi idea de que “todos los hombres que van solos a una disco, buscan agarrarse a la primera chica a la que encuentran”cambie. Gracias a “mi extraño” descubrí que pueden haber excepciones.
Mientras yo bailaba y flirteaba con mi nuevo amigo, Joanne había esparcido su círculo de amigos a nivel internacional. Conoció a dos brasileros y dos colombianos casi al final de nuestra salida. El resto de la noche se la pasó escapándose de un viejo que había quedado prendado de ella.
El sex appeal de Ana María había hecho que otro colombiano le robara un piquito. Se dio cuenta que de vez en cuando regalar un pico en nombre de la causa podía ser divertido. Sin embargo, no estaba dispuesta a relaizar otra obra de caridad. A pesar de las insistencias del “international guy”, se rehusó a darle otro pico.
Javiera estaba segura de no haber dado su número celular a nadie. Su idea cambió al subir al taxi que nos regresó a nuestras casas. Su limeño le había mandado dos mensajes. Hasta hoy Javiera sigue recibiendo mensajes “ojala nos volvamos a ver”. Ella ha decidido evitar pasar por la calle en la que vive “el amigo limeño”.
Sea como sea, la ladie´s night nos permitió disfrutar al máximo. Fuimos nosotras mismas, tal y como habíamos quedado al principio de la noche. Nadie juzgó. Nadie miró. Nadie comentó. Fuimos cuatro chicas que tomaron algo más de siete vodkas y llegaron a sus casas camiando en zig zag.
Sinnadaquedecir




